El color: un elemento esencial en el diseño de jardines


El diseño de jardines es un trabajo artístico y vocacional, y los paisajistas que trabajan tanto en espacios públicos como privados tienen el color muy presente cuando elaboran los primeros bocetos de sus diseños.

Hoy vamos a profundizar más en la importancia del color en el jardín y en cómo los paisajistas aplican ciertas técnicas para causarnos múltiples sensaciones al visitar un jardín.

Y es que, conociendo la teoría de los colores y los variados matices que nos proporciona la naturaleza, podemos realizar composiciones paisajísticas que nos inspiren sentimientos diversos mientras las recorremos.

En cada cultura y cada época hay convencionalismos sobre el modo de combinar colores con base en los recursos que aporta el medio y que muchas veces se pueden asociar a grupos culturales específicos.

Sin embargo, se puede ser un creativo nato y percibir relaciones armónicas y discordantes de una manera natural, o también podemos aprenderlas y sofisticarlas partiendo de una base teórica y práctica común. El cómo relacionar los colores, sobre todo en un entorno para recreación y disfrute del ser humano es una habilidad que es necesario ejercitar lo más que se pueda en el campo, una vez ya conocemos las principales bases teóricas.

La armonización del color en el paisajismo depende de la relación de unos colores con otros, lo que se logra generalmente con un color dominante y evitando la competencia entre los colores que se igualan en valor o intensidad.

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Existen muchas relaciones bien logradas de colores complementarios en los que aparece un color dominante, uno subordinado y uno neutro. Hay que tener presente que un color cálido resalta más con negro o gris oscuro, mientras que el frío lo hace con blanco o gris ligero. También se puede lograr la armonía al resaltar contrastes entre colores claros y oscuros.

A la hora de diseñar un jardín, ya sea un espacio público o privado, el tamaño de la superficie influye en la densidad de la plantación y en la elección de las especies. Por ejemplo, en un jardín de gran tamaño es posible dividir la superficie en “zonas” de floraciones escalonadas en períodos distintos, y con este método no es necesario cambiar constantemente las plantas cediendo el espacio a las que florecen más tarde, algo deseable para ciertas bulbosas y vivaces.

En espacios reducidos, es preferible no multiplicar los colores, pues un número demasiado elevado de colores y plantas puede hacer que el jardín parezca aún más pequeño.

Especialmente en ambientes urbanos, se recomienda utilizar colores que “retrocedan” con respecto a los muros y al suelo, dando una impresión de espacio y una sensación de tranquilidad y serenidad.

Por otro lado, los colores resultan más o menos adecuados según las condiciones de cada zona. Por ejemplo, para las regiones de clima árido las plantas más apropiadas suelen ser de color azul verdoso o plateado.

La distribución de los colores en un jardín es un elemento que no debe descuidarse. Lo más recomendable es realizar un croquis del jardín, marcando muros, cercas, edificios, senderos, puntos de agua, etc. Habrá que marcar también las zonas expuestas al sol, a la sombra y a la semisombra en las distintas horas del día, tener en cuenta si el terreno está en pendiente o la naturaleza del suelo en las distintas zonas: la textura (arenosa, limosa y arcillosa) y las reacciones (ácido, neutro o básico), el drenaje o la posible presencia de vientos dominantes escogiendo el lugar más resguardado para las plantas delicadas.

Y es que la utilización racional de los colores en el jardín permite obtener ciertos efectos, embelleciendo el entorno o corrigiendo posibles defectos. Por ejemplo, en un lugar oscuro, los colores claros como el blanco, el amarillo o el rosa claro pueden aportar luz. Se pueden utilizar también contrastes para las borduras, y por ejemplo, al combinar el violeta con el amarillo, este último parecerá eléctrico y saltará a la vista.

Otra estrategia que los artistas y paisajistas han utilizado desde hace siglos es la utilización de colores fríos para crear un efecto de perspectiva, creando un efecto de alejamiento que agranda los espacios. Por el contrario, los colores cálidos atraen la mirada y acortan las distancias.

Un jardín limitado puede agrandarse visualmente al poner las flores de colores vivos cerca de la casa y los más suaves lejos. Asimismo, los colores pueden utilizarse para dar sensación de movimiento en el jardín, especialmente si los disponemos en líneas curvas o irregulares.

Los colores verdes fríos son refrescantes, y dan una sensación de espacio, mientras que los colores vivos tienen un efecto antidepresivo y excitante. En cambio, los colores pastel tienen un efecto relajante y calmante, aunque pueden parecer demasiado lánguidos para aquellos que buscan colores vivos.

Por último, hay que tener en cuenta que cada sector del jardín puede requerir de colores distintos para un espacio óptimo. Por tanto, no es la misma la elección de plantas para las borduras que para los setos, las rocallas, el sotobosque, las plantas en maceta, el césped, etc.

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