El New York Times publica un artículo sobre “El poder sanador de los jardines” escrito por el neurólogo Oliver Sacks


Oliver Sacks fue un prestigioso neurólogo y escritor británico, divulgador científico y autor de numerosos best sellers. Comendador de la Orden del Imperio Británico, y miembro de la junta directiva del Jardín Botánico de Nueva York (entre otros muchos títulos), falleció en 2015.

Sus escritos y ensayos sobre sus pacientes son apreciados en la comunidad médica por su gran riqueza de detalles, y el pasado día 22 de abril el New York Times rescató un extracto de su colección de ensayos, que ha titulado “El poder sanador de los jardines”.

Y en el mencionado ensayo, este médico no duda en afirmar que “En cuarenta años de practicar la medicina, he descubierto que solo dos tipos de “terapia” no farmacéutica tienen una relevancia esencial para los pacientes con enfermedades neurológicas crónicas: la música y los jardines”.

Sacks hizo hincapié en su ensayo sobre la importancia de que sus pacientes alcanzaran un estado fisiológico de relajación, revitalización, de mente enfocada y espíritu renovados, y en el texto lo dice claro: este estado se consigue viviendo la experiencia de pasear por la naturaleza, destacando los jardines.

Asimismo, en su escrito resaltaba que en sus viajes siempre intentaba visitar los jardines botánicos de las ciudades, pues le parecían reflejos de su época y su cultura, como museos vivos. Y sus pacientes son sin duda el centro del escrito: “descubrí que no había nada, ni por asomo, que los pacientes que llevaban mucho tiempo internados adoraran más que una visita al jardín botánico” (el cual se encontraba frente a uno de los hospitales en los que trabajó).

Para este médico “En muchos casos, los jardines y la naturaleza son más poderosos que cualquier medicamento”. Relata su experiencia mostrando su asombro ante el poder calmante y organizador, ante el poder restaurador y sanador que los jardines ejercían en los cerebros de sus pacientes, muchos de ellos con trastornos neurológicos graves. Y posteriormente, enumera algunos ejemplos concretos que dejan al lector descolocado.

Desde La Comunidad Verde os recomendamos acudir a leer el artículo, y nos quedamos con algunas de las frases del último párrafo del mismo: “Es evidente que la naturaleza despierta algo muy profundo en nuestro interior. La biofilia, el amor por la naturaleza y los seres vivos, es parte esencial de la condición humana. Y la hortofilia, el deseo de interactuar, manipular y cuidar la naturaleza, también está arraigada en nosotros”.

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